Arte: @Saintkonde. Transeúnte.


Debo aclarar que no me molesta ser etiquetado de conservador porque en realidad lo soy. En la vida, eres blanco o negro. Los grises solo traen problemas y precisamente por haber intentado a jugar al híbrido es que perdí a una gran mujer. Todo porque me dejé vender la idea del amor libre.

¿Qué es? Básicamente es la expresión de un grupo de gente, autodenominada movimiento social, que rechaza el matrimonio y todos sus preceptos. Son alérgicos a la monogamia, pues creen en la manifestación sentimental y sexual hacia varias personas sin «ataduras».

Esto me lo dijo ella misma luego de haber hecho el amor. Le pregunté si estaba aburrida, me lo negó pero en el fondo sabía que era verdad. De lo contrario, no hubiera surgido semejante disparatada. Solo le respondí que ese tipo de cosas me resultaban niñadas progres. Ella insistió.

Quería experimentar con otras personas. Por eso se le ocurrió la brillante idea de presentarme a una amiga. «Hagamos un trío». Era una muchacha bastante atractiva, la verdad. Crearon un grupo de WhatsApp donde hablaban guarradas y enviaban fotos. Veíamos las nalgas de su nueva confidente mientras el calor del sexo nos volvía locos.

No entraré en detalles. Solo quiero decir que después de todo esto surgió el trío. No puedo negar que nos fue bastante bien. Pasaron los días, ellas eran cada vez más íntimas. Sentí celos porque ese no era parte del plan. «Solo serán unos polvos y ya», me dijo en su afán por convencerme.

Salían a pasear, se acompañaban durante sus diligencias, etc. Prácticamente, me excluyeron. En el sexo también. Hubo un momento que hasta se quedaron toda la noche juntas; intenté unirme pero su mutua fogosidad me desplazó por completo.

Le manifesté mi incomodidad. «No seas antiguo», respondió. Está bien, no podía obligarla, si se sentía a gusto con ella, no pasaba nada. Pero… ¿Y yo, dónde quedaba? Al final acabaron siendo novias. Para ese entonces, la usurpadora no me atraía, incluso la odiaba.

Un día nos vimos, le dije que nos dejara en paz. ¡Éramos una pareja estable! Obtuve como respuesta: «Estoy enamorada de ambos, quiero compartir más contigo. Ella me gusta físicamente pero tú me atraes por tu manera de ser».

No esperaba eso. De hecho, las cosas cambiaron por completo. Ahora era mi turno. Los tres salíamos pero yo era su centro de atención. Me tomaba de la mano en la oscuridad del cine, me escribía al chat privado, follábamos los dos en un hotel, me hablaba acerca de su vida y un sinfín de cosas que experimentan aquellas personas que están próximas a enamorarse. Ya no era una simple usurpadora.

Ahora mi primera novia era la segunda. Al fin y al cabo ella fue quien dio la idea. Su capricho no era suficiente, así que se le ocurrió incluir en el círculo amoroso a un hombre. Su instructor de gimnasio. Toda una novela mayamera. Me opuse pero era tarde.

Al final experimentamos durante varios meses. El musculoso se la llevó bien con ella, luego con mi segunda novia. Intentó algo conmigo pero eso ya era demasiado para mí. Por semanas el círculo rotaba. Es decir, se apegaba a una, y luego a otra. Nunca entre los tres. Igual conmigo. Era como si se aburrían de uno y saltaban al otro como si fuéramos colchones emocionales y carnales. Ellas tenían el control.

© Lucy Macaroni.

No es lo mío

Llegó un momento en el que me sentí inmaduro e inestable. Así que le planteé volver a la normalidad. Todo estaba muy bonito pero era hora de regresar a nuestra rutina, de hecho antes de la experiencia, en un momento pensamos en casarnos. 

Puse a prueba mis creencias y mi manera de ver el mundo. A pesar de que me dolía ver cómo intimaba con otras personas, no quería dejarla. Ella ya no quería un futuro conmigo, seguía disfrutando de su «libertad sexual». Le pregunté si seguía sintiendo algo por mí y me dijo: sí, pero la monogamia no es lo mío. No me quedó otra opción que salir de ese círculo.

Tanto el musculoso como la otra insistieron en que me quedara. Me sentía querido por ellos pero ya no me sentía cómodo. Tenía muchas inseguridades, sentía un vacío en el estómago que no se lo deseo a nadie.

Llegué a contarle esto a mis amigos, una idea terrible porque si yo soy conservador, ellos lo son más. No dejaban de llamarme cornudo, entre otras sandeces. Burlas y demás disminuyeron mi autoestima por completo pero me siento mejor porque luego de vivir aquel episodio me di cuenta de algo.

© Sam McKinniss. Art Basel.

Psicología del amor libre

No quiero generalizar, solo me baso en mi experiencia, que, seguramente, es similar para muchos. Quienes pregonan el amor libre suelen ser individuos inestables psicológicamente. ¿Por qué lo sé? Fue tanto el impacto que estudié psicología, quería comprender la lógica a profundidad.

El miedo a la soledad y el pánico a la ruptura, son indicios destacables si hablamos de trastorno por dependencia. Es aquel donde se necesita de excesiva atención y protección en diferentes contextos. 

Esto suele suceder en personas pasivas y a diferencia de mis dos novias, ellas tenían el control. Ellas decidían cuándo cambiar de pareja, algo que lo relaciono con sociotropía, entendida como la intensa dependencia emocional proyectada hacia los demás como producto del desarrollo de diversas personalidades según la ocasión que les conviniera. Yo también lo hice.

Se habla de amor libre y rechazo hacia el orden establecido. Muy bien, todos somos libres de pensar como queramos pero al final esa gente, que aclama consignas por doquier, suele contradecirse en su mismo juego. 

Recuerdo que mi segunda novia se ponía celosa cuando hablaba con mi primera, y viceversa. Es utópico pensar que habrá armonía en un grupo donde haya interés sentimental y sexual. Claro que «las construcciones sociales» son unas causas pero no todas. 

¿Y si dejamos de echarle la culpa a la sociedad? Al final somos nosotros quienes la construimos. Es mejor hacer un ejercicio de introspección para mejorar y así dejar a un lado nuestras contradicciones. 

El amor libre es una utopía si es puesto en práctica por gente contradictoria y egoísta, a esas personas les digo: revísense y no hagan eco de algo que no las identifica. No creo que vuelva a experimentar algo similar. Tampoco me arrepiento de lo vivido, si no hubiese pasado no hubiera sido psicólogo, por ejemplo. Cada quien recoge lo que cosecha.