La muerte, como tema abordado por el arte, está presente a lo largo de toda la historia de producción estética en sus variadas disciplinas. Por cierto, un tópico tan fundamental para el ser humano no sólo se restringe a una definición. En un sentido general, claro, es el deceso de un ser vivo. Sin embargo, es necesario señalar, además de lo que entendemos por sentido común, las más conocidas acepciones.

El morir es considerado, en algunas religiones, como el inicio de una nueva existencia. Sobre la base de la creencia del alma inmortal, es el abandono del cuerpo para comenzar el alma otro tipo de vida. Asimismo, algunas religiones orientales entienden la muerte como el retorno al mundo del que el ser humano proviene, muy asociado al concepto nietzscheano del Eterno retorno y de la sentencia del Antiguo Testamento «polvo eres y en polvo te convertirás».

También es entendida como la limitación de la existencia. Para el filósofo existencialista Karl Jaspers (1883- 1969), es la situación límite, inevitable a toda persona. Es entonces decisiva, ligada a la naturaleza humana, signo inequívoco de la finitud.

Se puede entender también como el problema fundamental del ser humano. El hecho de adquirir conciencia de la muerte basta para generar angustia y caracterizar la existencia humana. En este sentido, la existencia es la vida más la conciencia.

Según el filósofo y sociólogo Edgar Morin, la conciencia humana no solo supone conciencia de lo que era inconsciente en el animal; también una ruptura en la relación individuo-especie, una premonición de la individualidad con respecto a la especie y una decadencia de la especie con respecto a la individualidad.

Si bien la inquietud por el tópico mortuorio ha estado presente en el arte a lo largo de toda la historia de la humanidad —de hecho, en la lírica se puede decir que sus temáticas oscilan entre al amor y la muerte, con representantes importantes como Sófocles (495 a.C.- 406 a.C.) y Shakespeare (1564- 1516)—, las manifestaciones estéticas centradas este tema se acrecientan en el Siglo XX y sus años previos.

Edgar Allan Poe

Dentro de los muchos exponentes en variadas disciplinas del arte que se obsesionaron con el tema, dando expresión de ello en su obra, destaca la figura del poeta, narrador, crítico y periodista estadounidense Edgar Allan Poe (1809- 1849).

Su poesía romántica, de estilo a veces gótico, alcanzó un gran nivel de calidad. También su narrativa, sea en cuentos o novelas breves, marcó un hito y fue decisiva influencia en diversos poetas y narradores posteriores. Estos cuentos fueron, en su mayoría, de terror y misterio, además de desarrollar y ser precursor de la narrativa policial.

El súbito desencadenamiento de una tuberculosis en su esposa, sumado a las penurias económicas, sumió a Edgar en estados notoriamente melancólicos. Con el fallecimiento de Virginia el escritor se sume en depresión y empeora su alcoholismo, que se asomaba desde antes. En este escenario su literatura es marcada por los ambientes pesimistas, sombríos y fúnebres, abordando constantemente el tema de la muerte y la tragedia.

También en su narrativa aborda la temática del Tánatos. En el volumen Narraciones extraordinarias, destacan cuentos sobre la muerte, sea en su género de terror o detectivescos: El gato negro, El barril de amontillado, El corazón delator, Los crímenes de la calle Morgue y La caída de la casa Usher son ejemplos patentes de ello.

Igmar Bergman

En una disciplina artística diferente, destaca otra figura que centró parte importante de su obra en la reflexión sobre la muerte. El cineasta y dramaturgo sueco Ingmar Bergman cristalizó variados pensamientos sobre este tema, el sentido de la vida y la fe religiosa en sus películas.

Una de sus más altas cumbres, en sí misma una reflexión profunda sobre estas temáticas y genial pieza cinematográfica, es el filme El séptimo sello (1957), que narra los avatares del caballero cruzado Antonius Block (Max von Sydow) y el regreso a su pueblo natal.

Ambientada en la Europa medieval durante la peste negra, el personaje de Block juega una partida de ajedrez con la Muerte (Bengt Ekerot), que constituyen escenas icónicas de la historia del cine, y que funciona como eje dramático sobre el cual se despliegan diferentes historias del argumento, siempre centrado en las implicancias del sentido de la vida ante la conciencia de su finitud y destino inexorable con la inminencia de la muerte.

Bergman no sólo abordó la temática del Tánatos en este filme, sino que fue una constante en su prolífica obra cinematográfica. Sólo por citar otra obra relativa a este tópico, la película Luz de invierno (1936) desarrolla reflexiones en torno de la fe religiosa y los vínculos afectivos a partir de la angustia por la finitud y sinsentido de la vida.

Gabriela Mistral

Volviendo a la literatura, otra artista que se obsesionó con el tema fúnebre fue la poeta chilena Gabriela Mistral (1889- 1957). En diciembre de 1914, la incipiente poeta gana el concurso literario Juegos Florales de Santiago con la serie de poemas titulados Sonetos de la muerte. Este hito le significó saltar a la fama en su país natal.

«Del nicho helado en que los hombres te pusieron, / te bajaré a la tierra humilde y soleada. / Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, / y que hemos de soñar en la misma almohada».

Con esta estrofa inician los Sonetos de la muerte, en los que Gabriela Mistral dedica su canto a un hombre amado que, por desviar él su camino en la vida, la hablante líricaruega a Dios su muerte para acompañarlo bajo tierra y, de esta forma, evitar que otras mujeres disputen su puñado de huesos.

Durante años se especuló que la inspiración de estos sonetos fueron el dolor que sintió la poeta por el suicidio de Romelio Ureta en 1909, un posible amor de juventud, quien se quitó la vida dada su incapacidad de cubrir un desfalco que realizó a la empresa Ferrocarriles del Estado, donde trabajaba. Sin embargo, estudios posteriores afirman que la muerte es un tema recurrente en buena parte de los textos conocidos de Mistral, que fueron publicados de 1904 a 1908, tiempo antes del suicidio de Ureta.

César Vallejo

Otro poeta influido por la pulsión del Tánatos fue César Vallejo (1892- 1938). Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del Siglo XX y el mejor exponente de las letras en su país. Más allá de su vanguardia poética, su carácter taciturno se expresó en gran cantidad de poemas sombríos y pesimistas, donde la muerte cumple un rol importante.

«Hay golpes en esta vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! / Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma… ¡Yo no sé! (…) Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; / o los heraldos negros que nos manda la Muerte». En este poema, Los heraldos negros (incluido en su poemario homónimo), y otros del mismo talante, como Los doce monstruos, Vallejo expresa su cercanía con la actitud mortuoria.

El poeta peruano residió gran parte de su vida en Europa y se influyó por la tragedia de la Guerra Civil Española, inspiración que dio origen a uno de sus libros póstumos: España, aparta de mí este cáliz.

Pablo Picasso

Otro artista que tuvo profunda influencia de la guerra entre republicanos y franquistas fue el artista visual malagueño Pablo Picasso (1881- 1973). Autor de una prolífica obra, tanto en pintura como escultura, abordó diversas temáticas, pero las repercusiones que obtuvo por su mural Guernica (1937), que simboliza todo el horror de la guerra y la tragedia de la muerte de muchas víctimas inocentes, bien hacen de Picasso un importante representante en la iniciativa de plasmar este tema.

El hecho puntual que dio origen y título a la obra del pintor hispano fue el bombardeo de Guernica por parte de la Legión Cóndor alemana, a petición de Franco. Pablo Picasso ha sido considerado por ciertos críticos especializados, gracias a su talento y calidad de su obra, el pintor más importante del Siglo XX.

Juan Rulfo

Finalmente, no puede dejar de mencionarse entre los más influyentes artistas obsesionados con la muerte al escritor, guionista y fotógrafo mexicano Juan Rulfo (1917-1986). El país azteca tiene una gran cultura y tradición en el tema mortuorio, lo que se aprecia en que los mexicanos celebran cada 1 y 2 de noviembre el Día de los Muertos, para honrar a los difuntos.

Aparte de la tradición natal, Rulfo presentó desde joven un carácter melancólico y muy retraído, a ratos huraño, pero cercano con sus seres queridos. En su obra, el tema de la muerte no sólo está en su volumen de cuentos El llano en llamas(1953), donde justamente uno de los relatos se titula ¡Diles que no me maten!, sino que en particular en su novela Pedro Páramo (1955). 

En ella, narra dos historias: la de Juan Preciado, quien llega al pueblo de Comala para encontrar a su padre, Pedro Páramo, y cobrar el olvido en que los mantuvo a él y a su difunta madre, y la del mismo Pedro, un cacique que con el tiempo se corrompió por el poder que le generó la Revolución Mexicana.

El escritor, en la novela, crea un pueblo ficticio, Comala. A través de un estilo, catalogado por algunos como Realismo Mágico, construye un ambiente psicológico en el cual todos los habitantes de este pueblo están muertos. El factor indigenista, la corrupción por poder, el pesimismo, abandono y crueldad humana, son algunos de los temas que Rulfo aborda tanto en esta novela como en su libro de cuentos.

La muerte seguirá siendo un tópico abordado por el arte. Independiente de la variación en su concepto y significado según la cultura, período histórico y creencias que atañen al artista en particular. Cuesta imaginar cómo será la concepción de este tema fundamental en artistas venideros; pero es un hecho casi unánime que ha sido una obsesión que marcó profundamente a creadores y artistas, con especial énfasis, durante el Siglo XX.