buen morir

Foto: @thekondesaint | Transeúnte


El buen morir es una expresión alusiva a acciones y tratamientos brindados a un enfermo terminal. Así se logra que experimente la mayor tranquilidad y bienestar; evitando en la medida de lo posible dolor y sufrimiento, a la par que se atienden sus demandas emocionales y espirituales, todo ello con miras a que obtenga paz.

Es probable que todo ser humano, en algún momento, viva de manera directa o indirecta alguna situación en donde un familiar o un amigo cercano padezca una enfermedad mortal. Esta suele venir acompañada de lamentos, estrés e incertidumbre en cuanto a lo que el futuro deparará, afectando profundamente tanto al paciente como a sus allegados, siendo el inicio de lo que muchos definirían como un verdadero calvario.

La tendencia es pensar que poco o nada se puede hacer para apoyar o ayudar a una persona en esas condiciones. Uno de los motivos es considerar que se carecen de los conocimientos médicos necesarios, ser verdaderamente útiles y darles una mejor calidad de vida, sin contar con el temor que genera esa cercanía casi íntima con la muerte. 

Hay quienes se ven obligados a reestructurar sus rutinas y estilos de vida para cuidar de la mejor manera posible al enfermo, toda vez de atender sus responsabilidades personales, siendo esto más evidente en el caso de pacientes oncológicos. Una de las realidades en el desarrollo de su enfermedad y proceso de desahucio es el intenso dolor, además de los malestares que derivan de los tratamientos aplicados a esta patología. 

Por ello, cuando es evidente que el paciente ha alcanzado este nivel, los pensamientos recurrentes de los familiares y allegados es proporcionar una mejor calidad de vida. De ese modo, termina el sufrimiento o logran un buen morir. Pero, ¿qué es lo más recomendable en estos casos?

Reconocer los miedos del paciente

Para lograr dirigir estas acciones de manera asertiva, conviene conocer inicialmente cuáles son los principales temores que comúnmente todo enfermo terminal manifiesta o siente en su lecho de muerte, siendo estos:

  • Miedo a lo desconocido, a la soledad.
  • Miedo a los cambios en su cuerpo.
  • Temor a perder el auto control.
  • Miedo al dolor y el sufrimiento.
  • Angustia ante la dependencia de los otros.
  • Miedo a la pérdida de identidad.
  • Miedo a que su vida haya carecido de propósito.
  • Vergüenza de convertirse en una carga para la familia.
  • Miedo a morir sin dignidad.
  • Miedo de lo que pasará con sus seres queridos una vez que no esté.
  • Rechazo a inspirar lástima más que compasión.
  • Temor a la muerte en sí y su proceso previo.
  • Miedo al desconocimiento de la enfermedad y su tratamiento.

Una vez que se tiene conocimiento de estos miedos es más fácil generar las estrategias que sean necesarias para trabajar más efectivamente en eso del buen morir, ya que se podrán atender de manera directa y específica esos temores logrando así prestar un verdadero apoyo y brindar consuelo a todos los involucrados en la experiencia.

Procurar un equilibrio integral

Aparte de estos miedos mencionados, para garantizar eso del buen morir, todo paciente terminal requiere que se les satisfagan una serie de necesidades y requerimientos que propiciarán estar en perfecta armonía y equilibrio integral, destacándose:

  • Que les ayude a percibir la muerte como un proceso totalmente natural que precede y forma parte de la vida.
  • Tener sensibilidad a sus deseos, necesidades y últimas voluntades.
  • Garantizar la ausencia de todo tipo de dolor físico y sufrimiento.
  • Respeto y satisfacción a sus necesidades espirituales dentro del marco de sus creencias.
  • Manifestar buena voluntad, disposición y disponibilidad para entender con él su sufrimiento y temores.
  • Ser escuchado y comprendido en todo momento.
  • Permitirle que exprese sus sentimientos y emociones al momento que este así lo necesite o considere oportuno.
  • Fungir como aliado para que todos sus deseos sean cumplidos.
  • Sentirse queridos, amados y aceptados.
  • Que le respeten su identidad.
  • Que los llenen de esperanza.
  • Ser tratados como si fueran eternos.
  • Ayudarle a realizar sus últimas voluntades.
  • El poder quejarse.

Por lo tanto si se busca que un enfermo terminal tenga un buen morir, es necesario que las personas involucradas en la vivencia dispongan de una alta sensibilidad.

También la capacidad de empatía y buena inteligencia emocional y espiritual son necesarias. Pues garantizan que el esfuerzo realizado sean realmente de ayuda. Así se honra de manera más humana y plena esa fase final de la existencia de todo ser humano.