Foto: Kala Madriz.


El cofundador de la revista satírica Mongolia, Darío Adanti, fue el invitado de La Cháchara, entrevista en vivo que llegó a su tercera edición, una vez más al centro de Madrid, titulada «Lo políticamente correcto: ¿vaticinio de una dictadura moral?». Adanti se encargó de contextualizar la realidad política global para responder la pregunta.

El tema era denso, así que sin duda unos cuantos tragos fueron de ayuda. Al comenzar, y mientras el personal del café La Palma —lugar del evento— atendía al público, Adanti quiso compartir una breve historia del término «político correcto».

Entre las décadas 40 y 50, en Estados Unidos los movimientos marxistas-leninistas ganaban influencia. La frase, ya recorrida a principios del siglo XX, fue utilizada por socialistas para referirse despectivamente a comunistas como muestra de descontento ante la dogmatización y ortodoxia.

«Para mí, la contradicción es fundamental, y el problema de las ideologías es que niegan la contradicción interna y, por tanto, abrazar su propia contradicción (…) La derecha es mucho más correcta que la izquierda pues la derecha te dice que son incorrectos porque hablan de maricones, sudacas, etc, pero luego haces un chiste de la bandera, Franco, o la Virgen, y te meten una demanda».

Darío Adanti, entrevistado por María Laura Padrón. Foto: Kala Madriz.

La ficción y el humor

La periodista y entrevistadora, María Laura Padrón, quien dejaba escapar una que otra carcajada debido a las ocurrencias del invitado, le preguntó acerca del rol del humor ante la contradicción de las ideas, obteniendo como respuesta una crítica hacia el irrespeto por parte del discurso diario. 

Por ejemplo, en un país como España, donde viven inmigrantes, hay que saber medir qué comentario se va a decir para no herir. «Si ahora cuentas un chiste de un panchito, y por ahí en tu grupo de amigos hay dos panchitos, esto puede llegar a molestar un poco».

Darío Adanti hizo reír al público con sus ocurrencias. Foto: Kala Madriz.

Es allí cuando la ficción y el humor son enclaves. «Exigirle a la ficción que tenga los mismos códigos que debemos tener en la vida diaria es una confusión. ¿Tenemos que ser respetuosos en la vida diaria? Sí, porque la globalización nos lleva a convivir con culturas que son diferentes a las nuestras y con las que antes no convivimos. Ahora, ¿los políticos deben ser correctos? Sí, porque les estamos pagando y porque no son humoristas».

El conflicto

En un mundo ideal —describía Adanti—, si hubiera respeto y se entendiera la ficción como un puente para hacer chistes o indicar que aquella idea, por mejor que sea, es una tontería, entonces éstas se fortalecerían porque se pondrían a prueba.

Sin embargo, la realidad es otra. El contraste es un conjunto de anatemas en el plano político, económico y social. El invitado parafraseó a Hegel, manifestando que la historia es dialéctica y se desarrolla debido al surgimiento de bandos.

De esa manera nace a raíz de una reacción contraria. «No es que gane uno o pierda el otro, el que gana no impone su tesis o antítesis, sino que lo que gana es una síntesis entre tesis y antítesis, con lo cual la superación es siempre una mezcla de ambas».

Para Darío Adanti, del conflicto emerge el progreso, lo que está mal es cuando la violencia gana terreno. Reconoció, además, que en cada una de las personas habita «un enano fascista» pero la ficción, indicó, no debería ser interpretada en ese mismo contexto. «El arte debe tener permiso de faltar el respeto».