Foto: @thekondesaint | Transeúnte


Una de las cosas que más odio es el hecho de dejarse llevar por las emociones, sean cuales sean. La gran diferencia entre humanos y el resto de los animales es la razón. A pesar de esto, el feminismo ortodoxo desaprovecha tal virtud.

Evidentemente no se trata de ser una especie de robot frío. Esa es una percepción estéril de la objetividad. Yo, como científico frustrado, considero que hay caminos para encontrar una verdad central, regida por diferentes rompecabezas.

La única manera de armar una imagen, es uniendo todos los pedazos siguiendo una serie de patrones. No se puede dañar una pieza solo por el hecho de querer usarla de la manera que creemos correcta.

Un ejemplo menos cuadrado es la música. Componer una canción requiere de seguir una serie de reglas regidas por la teoría. A pesar de eso, cada obra es única así esté estructurada por melodías y acordes similares. El sello lo deja la persona.

Pudiera escribir todo un mensaje tratando de manifestar mi punto de vista a través de metáforas y comparaciones, pero no. Iré al grano: La realidad no es como es porque deba ser.

Vivimos en una sociedad donde el conflicto parece ser interminable. La solución óptima deviene de la razón, sin importar a quienes les pueda parecer equivocada. Siempre y cuando resuelva a través de lógicas y argumentos, no hay excusas para rechazarlas. Solo hay intransigencia.

No se pueden cambiar las cosas bajo métodos ineficaces y que, en vez de armar un rompecabezas o incitar cantos armónicos, el feminismo enarbole la bandera de la emoción. Determinar las causas no implica en quedarse en una sola parcela de realidad, ignorando prácticamente el resto.

Con esto quiero decir: el patriarcado no es el culpable de todos los males. Mucho menos el benefactor. Obviamente existe pero no es la raíz de todo, como destaca el feminismo ortodoxo en su discurso por medio de protestas, performances, entrevistas y cualquier otro espacio donde puedan comunicar el mensaje.

No solo es culpa del patriarcado

Los violadores y asesinos merecen castigo. Es inconcebible dejar por alto semejante acción. El problema de raíz no son esos mismos individuos que cometen tales crímenes sino las malas configuraciones del sistema.

¿Cuáles son? Este no es un artículo para responder tal pregunta pero a mi parecer, siempre se vive una utopía en tiempos cortos. Los sucesos en la comuna de París, la república española de 1936, el levantamiento de Ucrania a principios del siglo XX, entre otras manifestaciones que fracasaron.

En ningún caso se eliminó la pobreza por completo, por ejemplo, uno de los grandes problemas históricos de la humanidad, producto de la desigualdad. Tampoco la delincuencia ni otros fenómenos.

Lo que quiero decir es, estos movimientos llegaron a su fin no por ser débiles frente a estados y gobiernos todopoderosos sino por la indisciplina, sectarización e incoherencia. Por eso siempre digo: el ejemplo vale, no la opinión.

Achacar una sola causa a todos los problemas de la sociedad, es ignorar todas las piezas de un rompecabezas. Es dejar a un lado todas las posibilidades determinantes para así hallar las soluciones.

Al generalizar, además de excluir, un movimiento pierde su credibilidad. Y al menos yo no confío en quienes prefieren actuar en base a conjeturas. Por supuesto me afectan esas noticias de asesinatos y violaciones pero no puedo decir: esto lo causó el patriarcado. Al menos eso solamente.

El papel del feminismo contemporáneo

El feminismo ha sido necesario en siglos pasados porque el papel de la mujer era de poca relevancia. Gracias a personas como Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges, surgió la denominada primera ola. Sin ellas, futuras conquistas como el derecho a la propiedad, al sufragio e igualdad de derechos en matrimonio, hubieran tardado mucho más.

Eso lo aplaudo. De hecho, lo creo necesario para el desarrollo de una sociedad libre, igualitaria en condiciones y racional. Nada emerge de la nada. Todo lo contrario, es una consecuencia.

Entonces, ¿cuál debería de ser el papel de las feministas contemporáneas? Para empezar, dejarse de llamar feministas. Pues en estos momentos la sociedad es mucho más abierta si la comparamos con el pasado, donde una mujer era prácticamente tratada como ganado.

Hoy pueden votar, trabajar y tener propiedades. No creo necesario velar por la igualdad de derechos entre varones y hembras en el siglo XXI porque estas últimas mencionadas no se relegan por el hecho de ser el «sexo débil». Al menos ya no por eso.

La razón por encima de la emoción

No hay que olvidar otros elementos que producen desigualdad, exclusión, marginación  y violencia pero no se debe a los géneros. Para saber por qué, el prejuicio debería de ser eliminado en el discurso, así como el dogma. Es lo primordial. 

Las feministas ortodoxas incluso emulan inconscientemente los mismos patrones de sus enemigos políticos, ideológicos y culturales, quienes obran bajo códigos orquestados por el egoísmo y el deseo de poder. Esto indica que el patriarcado no es el único problema.

Esto me recuerda a la frase de la película Imperium (2016), protagonizada por Daniel Radcliffe. La policía que infiltra a Nate, un novato, le dice al final de la historia que todo movimiento inspirado por el resentimiento, conlleva al fascismo. Lo suscribo. 

Así que digo: seamos más racionales. Sobre todo en la era de la posmodernidad, donde el culto al individuo, así como a la subjetividad, son vendidos como las recetas mágicas de la libertad.

Siempre apoyaré toda manifestación en contra de la violación de los derechos humanos pero esto no significa elegir un bando dedicado a hacer propaganda, escraches u otras formas de «protesta» estériles que solo ayudan a ridiculizar un discurso.

El panfletarismo y el sectarismo son fuego contra fuego. Solo la verdad permite determinar qué está bien y qué está mal. ¿Asesinar es correcto? ¡No! ¿Violar es correcto! ¡No! ¿Aislarse del espectro político e ideológico para ser la eterna víctima? ¡Tampoco!