Fragmentos

La muerte de la inocencia, las ansias de libertad, el amor hacia lo imposible y el canto a la nada, son los fragmentos que dan vida a una serie de poemas inéditos que a continuación presentamos.

Foto: Todd Quackenbush | Unsplash.

 La ingenuidad de un niño

A veces, cuando somos niños, no hay maldad dentro de nosotros, solo ingenuidad; pero es arrebatada en una violenta locura por una oscuridad que te acecha como una presa para devorarte sin contemplación. Aquel niño de pureza sin límite, el que llevaba la fragilidad aún pegada en su cuerpo, fue arrastrado a un mar de llanos, de tinieblas, a un mundo donde solo veía espinas clavadas en su piel; era solo un niño que aún no sabía sentir lo que era un placer carnal, esa oscuridad lo poseyó como poseer un zapato. Él no sabía lo que pasaba, en su mente se reflejaba que tan solo era un juego negro, pero cuando sintió que sus brazos lo apretaban con fuerza, su corazón latía tanto que el miedo se apoderó de él, y sintió dentro algo que lo destrozaba, era un desgarro masivo. El niño miraba aquella pared, donde estaba colgado un cuadro que representaba la figura de una mujer con una sonrisa calmada, pero sentía asco por la sangre que salía de sus ojos; y no eran lágrimas. Era un dolor tan profundo que en ese momento su rostro de ángel cambió para siempre, quedando marcado por la oscuridad de aquel día doloroso de Navidad. 

Sentado frente a la inmensidad

Sentado en la quietud de la noche, frente la inmensidad, escuchando a lo lejos el sonar de una canción extremadamente ruidosa. Mi adoración y atracción por estar allí solo, conjugando mis pensamientos hacia la libertad, no siento nada más que ese tumbar del agua que me lleva a lo profundo a lo desconocido al querer entrar en ese murmullo de agua.

De repente mis fibras comienzan a sentir un torbellino de muchas emociones encontradas como si fuera un abismo, algo delicioso pero a la vez temible, mis oídos abordan y perciben una voz suave, como una especie de cantos celestiales que me invitan adentrarme en aquel torbellino de agua.

Mis pies se mojan y es cuando decido dejarme llevar por esa voz, que me indica lo maravilloso de estar allí; de repente veo una figura flotando en el agua moviéndose de una forma rítmica y reconozco que su rostro es lo hermoso que jamás he visto, y mis pies se mojan completamente, me dejo llevar.

Estando en ese lugar comprendí la naturaleza y el regalo que me estaban dando esa noche de quietud, sentí la libertad, sentí que mi espíritu se elevaba, fue algo atmosférico y le di las gracias a aquella mujer envuelta en su torbellino de agua. Caí en cuenta, aún aturdido con una especie de sordidez abrumadora que la mujer era el mar que me daba la bienvenida a la libertad.    

Creación de una diosa

Me enamoré de una mujer de otra creación, es un amor sublime y verídico donde razono por ella, esta mujer y su belleza encarnada a lo sobrenatural, me atrae a lo único, a lo difícil sin mirarme al espejo.

La razón mía hacia su figura, es de una diosa sin descripción, al mirarla a sus ojos que son como dos eclipses lunares, que inclusive rebasa la belleza de la luna en su más encantador día. Ella, su divinidad, es la perfección de un canto más que glorioso.

Su voz, su rostro y su cuerpo son la unificación de lo pulcro, de lo más desgarrador ante los ojos de un simple mortal, al verla en su cántico melodioso, es como ir al cielo y jugar con Dios.

Ella es la representación de un canto que devora a aquellos que la escuchan, porque su voz penetra en lo más profundo de los sentidos y los coloca a la orilla de una quimera, donde su único objetivo es envolverte a lo sublime de sus canciones. Ella, la figura de un mujerón, exquisitamente pincelado por la naturaleza, así como dice ella «amor y lujo», esta Diosa es lo infinito del universo entero, y su regocijo en este espacio es para llenar aquellos espíritus que gozan de su magia. 

Fragmentos de nada

Trata de hacerlo

Hazte un triángulo en ti, trata de romperlo sin dejar huellas en tus manos, tómalo y verás el enredo de tu malcomida vida ante el velo de aquella santidad. 

Desnúdate en tu propio espejo y deja que tu voz salga de tus entrañas fragmentadas por las rosas perfumadas de esa santidad y arrodíllate ante ella.

Prepara el triángulo y vete al mundo del vacío y llénalo con el manto de los bálsamos, recoge las aromatizadas formas de un santo en pleno vuelo hacia lo infinito. Recuerda, tómalo, que yo te daré una ojeada en el aire de mis aposentos. 

Hazlo y prueba

Todo se graba en el pasado de un misterio sin presente, yendo a una realidad particular de una vida misma en un contemporáneo deslumbrado, a una conciencia desgarrada.

Deja el pasado en tu misterio y fórmate a un Dios de pasión y mira la fuerza de un salir, sin buscar el pasado, sal a un renovar de puertas abiertas y revisa las páginas de tu vida.

Forma tu misterio próspero en horas buenas, sin nutrir el pasado; cierra las ventanas del cielo y no dejes que se cuele en tu existencia, sonríele a la prosperidad; anda, hazlo.

Olvida y anda 

Vamos a respirar entre las noches de insomnio, en el correr de aquel desaparecido sueño, para buscar la luz de mi mundo dentro de un aroma incesante que produce tus movimientos.

Atráeme a la luz y el sueño que muera en algún rincón de mi imaginación y demos respiraciones de libertad por segundo ante el reloj de arena que está allí.

No te muevas por ese sueño; ya está eclipsado en un espacio que solo yo conozco, rodeado de flores secas y ocultas en una página de un libro amarillento por su olor de viejo, no te quedes allí, respira y deja que se sucumba en su olvido.