Autorretrato: Kala Madriz.


«Los lugares son los afectos. ¿Qué pasa cuando no hay lugares? Los objetos se transforman en afectos, en recuerdos. Para quien emigra, esos objetos se convierten en casa». Esta reflexión es el punto de partida de Kala Madriz para el desarrollo del proyecto fotográfico Mi Casa, una serie de retratos a venezolanas en España y sus objetos traídos en la maleta como parte del sitio «que fue y ya no es». 

La propuesta está incluida en la exposición colectiva «La Pizarra Mágica», en la Escuela de Artes Visuales Lens. La idea de la fotógrafa era ahondar en la carga simbólica de determinadas cosas.

Esta interpretación parte de ciertas vivencias y cómo luego empiezan a resguardar memorias. «En ellos queda el recuerdo y en el alma se construyen formas para dar presencia a ese lugar no lugar que solíamos llamar casa».

Para Kala esta es una mirada íntima a un fenómeno tan universal y controvertido como el de la emigración, una manera de acercarse a la sensibilidad de quienes, por diferentes razones, deben marcharse de su país, más allá de datos y titulares. 

«No quise tratarlo desde un punto de vista periodístico, sino generar una reflexión en torno a uno de los significados de esta experiencia, buscando hablar acerca de lo que no se suele preguntar. No de los millones cruzando las fronteras sino de su lado humano». 

A partir de un episodio personal, pues ella también es inmigrante. Quiso probar si esta idea de cargar de significados lo material en el transcurso de la vida no era únicamente suya. 

«Nace de mí, de una pregunta constante: “¿Cuál es mi objeto?”. La respuesta es una bufanda obsequiada por mi prima antes de venirme a España. Nuestra abuela paterna se la había regalado y aunque se la tejió especialmente a ella, decidió dármela. Me dijo: “Yo voy a volver a ver a mi abuela y me va a tejer otra bufanda, pero no sé cuándo la verás tú”. Es un objeto entregado con una representación previa que quizás yo no se la hubiese dado».

La historia detrás 

Poco después sintió el temor ante la pérdida. Antes de aterrizar en Madrid, Kala estuvo algunos días en París, en pleno invierno, donde se enfrentó por primera vez con el frío. En una de sus andanzas por la ciudad, se percató de haber extraviado la bufanda. Pensó en cómo era posible ser tan despistada. No se resignó, y volvió a hacer el mismo camino, hasta encontrarla en una pasarela. A partir de ese momento, decidió no usarla más por miedo a que desapareciera de nuevo.

© Kala Madriz.

Por ello, durante el proceso de fotografiar tanto a los objetos como a sus dueñas, reflexionó sobre las historias escondidas detrás de «un simple artículo». Un libro, un par de gafas, unas piedras de colores y unos anillos, fueron los seleccionados por las participantes. Además compartieron en sus relatos la vinculación con las casas dejadas atrás. 

Muchas se relacionaban con la añoranza, la soledad, pero también con la muerte. «Uno al irse no sabe cuándo va a regresar, eso me hizo recordar a mi abuela de más de noventa años. Por eso no solo hablamos de la muerte, sino del miedo que produce. Me hace pensar en algo dicho por mi abuelo todo el tiempo: “Tengo más años esperando morirme, veinte años pagando el hueco donde me van enterrar y todavía no me llega la hora”». 

En ese sentido, le parecía importante no solo fotografiar algo estático, sino las expresiones y rostros siguiendo la descripción de cada una sobre cómo era su casa en Venezuela. Así, el retrato terminó siendo la manifestación del recuerdo; mientras, el objeto, suspendido en el espacio, aparece enmarcado dentro de la simulación de una ventana. 

«Es como si estuviese guardado en un cofre o en una ventana donde te puedes asomar de vez en cuando. Cuando lo abrimos, te estoy mostrando mi hogar, te estoy contando mi historia y, de paso, me aseguro de cuidarlo». 

La observación del entorno

Kala se define como observadora y aficionada a las historias de las ciudades y sus lugares no comunes. Vivir en el entorno del multicultural barrio de Lavapiés, Madrid, más allá de la experiencia personal con su bufanda, determinó el interés en este proyecto. 

© Kala Madriz.

Estar atenta a su alrededor le permite sensibilizarse y le ofrece pistas acerca de hacia dónde posar su mirada, nuevos temas por explorar. En un futuro no descarta replicar el ejercicio e invitar a gente de distintas nacionalidades y diversos géneros para profundizar en la inmigración desde la cercanía e intimidad. 

«Antes pensaba que para las personas podría ser difícil reconocer la vinculación con un objeto específico, pero después de este primer acercamiento creo por más despegado de lo material cada quien lo tiene. Especialmente quien está en condición de inmigrante. El punto es poder explorar esa sensibilidad». 

La idea de «los no lugares»

«El lugar no lugar que llamamos casa». Este término fue planteado por el etnólogo Marc Augé en su libro Los no lugares. Se refiere a espacios impersonales, de tránsito efímero. No obstante, en su trabajo, Kala optó por acuñar este concepto a una idea tan contraria como la casa, normalmente relacionada con estancias prolongadas. 

© Kala Madriz.

Habla de los lugares no lugares no solo como un objeto representando a una persona sino a toda la familia. En su caso particular, por ejemplo, la bufanda no es nada más el recuerdo de su abuela, sino de la abuela viviendo en Mérida, Venezuela, su ciudad natal, donde también hace frío y por ello implica todo un imaginario individual y colectivo. 

Además, considera, las casas no escapan de la idea de espacios transitorios. «Hace mucho tiempo mi abuelo compró un apartamento para mi papá y su familia. Al final estuvimos apenas tres años; y ahora, aunque mucha gente ha vivido allí, es un espacio vacío, es un lugar no habitado. A pesar de llamarlo casa no lo es, ni lo ha sido». 

Por eso siempre se pregunta: si los afectos son los lugares, qué sucede cuando no están. «Al llegar a otro país empiezas a crear nuevos afectos, nuevos lugares, pero dónde quedan los anteriores, ¿desaparecen? Yo creo que sí permanecen: se convierten en estos objetos, resguardan una vida nueva y son nuestros recuerdos».