Maxi Prietto

Foto: Revista Almagro.


Morir es un acto biológico. Hacer música también. La primera acción es una verdad indiscutible, la segunda es una afirmación del compositor Maxi Prietto, integrante de Los Espíritus, banda que, como si se tratara de un ritual, convoca la oscuridad y luz al unísono.

No solo desde lo lírico sino de lo musical. El blues y rock and roll se fusionan al ritmo de percusiones latinas, así como de melodías envenenadas con efectos de guitarra dignos del funk. Una fórmula que se ha apreciado en su discografía, compuesta de tres EP, cuatro discos y un guayabo.

En todos hay diferencias pero al escucharlas por separado se halla la misma esencia característica: la simbiosis de las cosas. Por ejemplo, en una canción como La rueda que mueve al mundo, del disco Aguardiente (2017), se valen de recursos metafóricos para describir la decadencia sistemática y cómo el medio ambiente y los sectores sociales mueren poco a poco.

En esa misma obra la banda toca una pieza totalmente contraria: Perdida en el fuego, balada engalanada de adornos melódicos propios de la melancolía. La letra podría ser interpretada de dos formas: una historia de desamor y una de abandono.

Independientemente del significado, las canciones de Los Espíritus son distintas. Incluso en el último disco, Caldero (2019), experimentaron con la cumbia psicodélica, incluyendo historias oscuras con un rayo de luz al final del túnel.

Al menos esto se puede interpretar de acuerdo a experiencias del público durante los shows en vivo. Pues según comentarios en redes sociales, disfrutar de Los Espíritus es más que ir a un concierto. 

Se trata de una vivencia única, como si fuera una celebración del ciclo de la vida, cual droga fuera. Es por eso que entrevistamos a Maxi Prietto, un personaje cuya obra da pie a hablar acerca de nuestro tema del mes, la muerte, la aparente estación final.

La carrera de Prietto como solista está compuesta por más de 22 obras. Entre ellas destacan álbumes y sencillos que se pasean entre el blues, bolero, rock and roll y música experimental. En este caso, también se perciben elementos holísticos. Algo que, al parecer, es parte de su filosofía.

A continuación la conversación con nuestro invitado de la semana:

¿La vida gira en torno de la muerte?

Prefiero pensar en las cosas de cada día, con la muerte no hay mucho que hacer… Comer algo, dormir, tocar la guitarra.

¿Cuál ha sido el vínculo entre tocar música y morir?

Parecen ser dos experiencias de entrega. Hay que animarse a darlo todo, a través de la música, entregarse. Estuve en Oaxaca en un panteón el Día de Muertos y fue una experiencia única. Ver tantas flores, tantos colores y tanta música en vivo rodeando las tumbas. Acordeones y guitarras, voces de familias enteras honrando a sus queridos difuntos. Inolvidable.

No había tabú, la muerte estaba expuesta en forma de celebración, de rito, fue algo hermoso. Cuando llegó la noche el espectáculo fue el de la luz de las velas. Se podía oír las voces cantando pero no podía ver bien las caras, fue muy misterioso, por momentos recorría o me quedaba sentado en la oscuridad escuchando.

Sombras. Oscuridad. ¿Para ti son símbolos de la muerte? La pregunta se debe a que algunas canciones como Ola Blanca, El Palacio, entre otras, abordan el tema desde diferentes metáforas.

Puede ser oscuridad pero también luz, puede ser ambas cosas al mismo tiempo. En El Palacio el recinto que se describe es blanco, no hay siquiera una sombra. Justamente para no caer en la idea de que es algo oscuro. Lo cierto es que hasta no transitarla no sabemos nada de la muerte. ¿Cómo podemos decir que es algo negativo o positivo? Lo negativo sería si lo pienso como el fin de la vida, es decir de todo lo que conozco hasta hoy. Pero si lo pienso como una transformación o un puente hacia otro estadio ya deja de ser negativo.

¿Crees que el nihilismo esté presente en parte de tu obra? ¿Acaso hay cabida para tal filosofía si hablamos del tópico?

Es posible. Si es así, en todo caso, quedó desactualizado. La vida cada vez tiene más sentido para mí.

¿Los acordes menores y dominantes son los únicos que pueden representar la muerte si la vinculamos con melancolía o tristeza? ¿La euforia no puede ser objeto de armonías sombrías?

Creo que la muerte no puede ser representada de una única forma. No hay acordes específicos para un tema u otro. En el cine se ve muy claramente, cuando superponen por ejemplo una imagen violenta en cámara lenta con un música angelical. Es como si la música pudiera potenciar un hecho por simpatía o por contraste.

Escuchamos el disco que grabaste junto a Poli. ¿El bolero es el blues de Hispanoamérica?

Lo veo como el lamento por el lamento mismo. Es una invitación a un estado anímico profundo, algo así como una teatralización. Es importante creer al cantar esas canciones, dejarse lastimar, es la cura a través del dolor. Mi interpretación al menos.

¿Crees que la música en general, incluyendo la popular, refleja la muerte de una civilización?

Todo lo contrario. La música popular es un río que fluye de generación en generación, es como una receta familiar. La primer canción que oímos es el arrorró con el que nos duermen de chiquitos. La música está ahí más presente para mí que en las canciones con derecho de autor. Forma parte de nuestra biología, no solo de nuestra cultura.

¿El rock está muerto?

Una vez tuve un sueño que cambió por completo mi manera de ver la muerte.Iba caminando por un pueblito y oía las campanas de una iglesia, un tipo gritaba: «¡Llegó el día!» con una voz llena de emoción. Empiezo a ver mis pies caminar y debajo del suelo empieza a emerger un humo blanco. De pronto entiendo lo que está pasando. No es humo. Son nubes, estoy flotando en el cielo. Pierdo la gravedad y empiezo a flotar entre las nubes mientras suenan las campanas. Me desperté con una sensación muy grande de felicidad.

¿Crees que la música es necesaria para una sociedad regida por el conflicto? ¿Los artistas de alcance masivo se dedican a hacer que el mundo sea movido por su rueda?

La música siempre es necesaria.

¿Qué piensas acerca la protesta musical? 

Creemos que La rueda que mueve al mundo es un ejemplo no panfletario, al menos artísticamente hablando. Los músicos somos personas, es entendible que en algún momento queramos expresar nuestra mirada social en alguna canción. Lo aburrido es cuando un artista solo se dedica a la protesta, es como que se vuelve esclavo de su personaje. Eso a veces lleva a querer volverse obstinadamente correctos políticamente y emblema de todas las causas. Me interesa la música para transmitir emociones más que ideas. Muchas veces no puedo evitarlo, hice muchas letras sociales, pero no es lo que más me atrae. Trato de crear sin saber qué va a pasar. Buscar nuevos sonidos, sin depender de la mirada del otro.

La obra de Los Espíritus no solo se centra en la crítica a la sociedad. ¿En qué más? ¿Podría decirse que cada canción cumple con un propósito en particular? Eso sí… hacer bailar.

El proceso de hacer una canción es intuitivo, un acorde me sugiere una melodía, esa melodía me sugiere vocales que se vuelven palabras y después recién busco qué quieren decir esas palabras, o qué puedo decir con esas palabras. No nos dedicamos a ningún tema en particular, no hay límites a la hora de escribir.

¿Los muertos festejan?

Pienso en mi abuela bailando chamamé, no podría se de otra forma.

¿Qué es la danza de los muertos para Los Espíritus?

Posiblemente verme a mí bailando sea lo más parecido a eso.

¿Cuál es el futuro de la banda? ¿Qué hay de tus proyectos personales?

Hace muy poco que lanzamos Caldero, ahora estamos girando, presentando estas canciones y componiendo cosas nuevas también.

Algunos de los que integramos Transeúnte vivimos en Venezuela. ¿La banda tocaría en este país?

Si, claro, para eso estamos.