Rafael Uzcátegui entrevista

Foto: El Nacional.


Se entiende por corrección política, término utilizado desde mediados del siglo XX, al lenguaje, comportamiento y medidas que no vulneran la humanidad de grupos sociales. En Venezuela se interpreta de otra manera. Es lo que asegura el sociólogo y coordinador del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), Rafael Uzcátegui.

«Muchas veces el liderazgo político o social piensa que es políticamente correcto sumarse a la opinión de la mayoría». A su juicio, los encuentros o debates «cara a cara» carecen del sentido de su propósito principal: la resolución del conflicto. 

Actuar en base a la normalidad es la premisa, entendida como la agudización de la crisis económica; y la popularidad, considerada como aquello que «todo el mundo» cree adecuado y plausible, reniega cualquier indicio de agitación, siendo soterrada o incluso silenciada.

La censura es un factor clave que incluso lleva a la ciudadanía, en el plano analógico, «a anotarse al ganador». En el entorno digital sucede lo contrario, la gente se siente en libertad de opinar, criticar y cuestionar. 

Variables: el anonimato que brindan determinadas redes sociales; y el comportamiento de algoritmos que conectan instantáneamente en torno a una temática de discusión. Por ejemplo, el trending topic en Twitter, la plataforma social más utilizada en Venezuela; a pesar de que durante los los últimos meses, Facebook gana más terreno.

Rafael Uzcátegui, coordinador general de Provea.
© Luis Morillo. Publicada en Crónica Uno, 2019.

El luto de la izquierda

No obstante, este ejercicio de corrección trastoca a vertientes de la izquierda. «El proyecto bolivariano y Nicolás Maduro significan un desprestigio profundo para esas ideas, el futuro va a pasar por una fuerte revisión interna para iniciar un lento período de reconfiguración para que vuelva a ser una opción con incidencia».

El resultado de las consecuencias mencionadas es la confusión de diferentes tendencias que conforman este bloque ideológico: ligadas al liberalismo, progresismo o justicia social; y son vinculadas directamente con el chavismo. «Parece que a corto plazo será reducida. La posibilidad de revertir el estigma dependerá de la capacidad de reinvención, superar el sectarismo y las lógicas excluyentes».

El coordinador de Provea cree necesario generar espacios de confianza. También escenarios de debate para superar el temor a la discriminación y autocensura, también alertar los peligros que representan. El objetivo es claro: luchar por la democracia y, para alcanzarla, se necesita de una amplia participación.

«Esto no significa que personas de izquierda no tengan que ser investigadas por violaciones de derechos humanos o delitos en un futuro. Por supuesto que sí pero una identidad política no debería ser criminalizada a priori».

El desprestigio: espejo de miserias

En los últimos años no ha habido cambio significativo, la dicotomía del chavismo y oposición continúa. A medida que el conflicto pisa fondo, el desprestigio sigue siendo una carta jugada, especialmente en redes sociales.

Para enterarse basta con navegar por fanpages y grupos en Facebook, hilos de Twitter y publicaciones de medios de comunicación relacionados con la política. El resultado es una evidencia de insultos que rayan en oprobios a íconos de partidos o cualquier persona que se identifica con una corriente.

«Cuando uno utiliza adjetivos descalificativos para intentar desprestigiar a la otra persona, uno está reflejando sus propias miserias, eso habla más de uno que del sector que uno supuestamente está cuestionando». 

© Revista Sic.

La oportunidad del «like»

El sociólogo manifiesta que quienes lideran puestos de poder juegan la baraja del oportunismo. Se jactan de sus principios según el momento, como si se tratara de conveniencia. 

Por ejemplo, valerse del comportamiento de públicos en el entorno digital, a modo de variables para medir la popularidad, es una acción válida que ayuda a planificar estrategias según la lógica de cada red; el marketing político lo toma en serio.

«Creo que el liderazgo político se ha dejado llevar por la popularidad de los tweets o likes y no han planteado un camino estratégico independientemente de que ese camino sea popular o no. En Venezuela necesitamos personas de principios que vuelvan a recuperar la ética en la política».

Agrega que la transparencia, el cumplimiento de acuerdos, el empeño y prestigio social del conocimiento son necesarios para «construir la democracia en Venezuela». Esto solo puede ser un hecho si se suma todas las personas de «buena voluntad» que tengan principios y valores son importantísimas».

Opinión pública conservadora

A corto plazo, vaticina el entrevistado, habrá un giro. La opinión pública se hará conservadora. El rechazo hacia la retórica del chavismo y la consecuencia de su gestión— , será la causa de la atracción hacia el pragmatismo y el conocimiento gerencial de lo público. La exigencia de «más hechos que palabras» es un signo de las políticas anheladas.

De todos modos Uzcátegui cree que los pensamientos ultraderechistas no impactarán. Además, aclara que este término es utilizado para descalificar, prácticamente a la ligera, a quienes se identifican con el centro o a la derecha.

«No creo que en Venezuela aflore la ultraderecha porque la cultura del rentismo ha hecho que todas las corrientes de centro, derecha o izquierda pidan políticas proteccionistas al Estado (…) Creo que el resto de las opciones son legítimas y seguramente quienes son genéticamente contrarios al chavismo van a capitalizar políticamente el descontento a corto plazo».