Arte: Anderson Villalobos.


Esta pregunta me la hice cuando vi el cadáver de un mono. A mi parecer, murió en extrañas circunstancias. Me encontraba en la cocina, buscando frutas que darle pero al salir vi su cuerpecito tendido así y nada más. Era un animal sano físicamente, también querido por toda mi familia. ¿Se trata de un caso de suicidio animal?

Tal vez lo atacaron o tal vez se suicidó; su cuello estaba atascado en una rama, creo que se ahorcó. Investigué acerca del tema y me topé con una noticia de 1845 en la revista Illustrated London News. 

En ese entonces un perro “fino y hermoso” intentó suicidarse dejándose hundir en un río. Al ser rescatado saltó al agua varias veces hasta alcanzar su aparente objetivo. Esto es algo muy curioso.

Todo depende de la especie, son muchas que se han visto involucradas en casos enigmáticos. Por ejemplo las orcas en cautiverio suelen golpearse contra los tanques en situaciones de estrés, otras ballenas llegan hasta la orilla y mueren. Patos y perros como aquel del siglo XIX se han ahogado “intencionalmente”.

Las hormigas carpinteras practican la autolisis, un proceso biológico que autodestruye una célula, ellas lo hacen para defender su colonia; la ruptura de una glándula produce una secreción pegajosa y al verse amenazada, explota.

Otros mueren al reproducirse, se le llama reproducción suicida, es cuando algunos animales como los salmones, ranas, lagartos e insectos dedican toda su energía al aparearse.

Autodestrucción

La profesora del College of William and Mary, Virginia (Estados Unidos), Barbara King, en una entrevista para la BBC Mundo, dijo que es importante “entender la profundidad” de las emociones experimentadas cuando se trata de autodestrucción como la de las orcas u otros seres vivos. 

“La mayoría de los casos se debe a la intervención humana, como resultado de la caza ilegal o confinamiento”. Otros como los mencionados dejan de vivir por instinto. «No estoy convencida de que (el suicidio animal) sea una pregunta que la ciencia pueda responder». 

Tampoco la creencia popular, pues suele atribuir estas conductas por depresiones pero a diferencia de las personas, nosotros apreciamos la realidad como el caso de la muerte. Por ejemplo, los perros y gatos suelen deprimirse cuando ya no están con sus cuidadores.

Algunos se rascan las orejas hasta sangrar; esto no significa que se suiciden en el sentido estricto y humano de la palabra. También los primates, por su gran parecido a nosotros, es fácil detectar ese estado. 

No es como en nuestro caso. Es decir, sabemos que moriremos. Los animales no se deprimen como las personas pero sí expresan lamento cuando mueren otros aunque no le temen a la muerte como una realidad, así dice otro científico llamado Ajit Varki.

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Él asegura que el aparente suicidio animal puede explicarse a través de otros medios diferentes a como lo percibimos. No es que nieguen el riesgo de morir, de lo contrario las cebras se alimentarían cerca de los leones o los peces se mantendrían cerca de un depredador.

“La humanidad es la única especie que puede entender su propia mortalidad”, manifiesta Varki. 

Suicidio y romanticismo

Por lo tanto, afirmar directamente que una especie animal se suicida, es solo un producto de la abstracción. En el siglo XIX, el romanticismo idealizó el hecho de acabar con la vida. En el ensayo The suicidal animal: science and the nature of self-destruction, escrito por Edmund Ramsden y Duncan Wilson, se indica que fue usado para refutar la perspectiva de la autodestrucción.

El escorpión ceñido por el fuego de Lord  Byron fue el “primer modelo experimental” para el suicidio animal. A raíz de la observación se ha interpretado que el invertebrado acaba con su vida cuando está rodeado de llamas y este poema, le da un tono romántico.

“(…) un alivio triste y único que conoce: el aguijón que alimentaba para sus enemigos,

cuyo veneno nunca fue en vano da solo una punzada, y cura todo el dolor”.

La explicación científica aclara que los escorpiones son inmunes a su propia toxina. Además, el aguijón no atraviesa el caparazón. Por último, no se “punza” sino que debido a la exposición a altas temperaturas su cuerpo se deshidrata, provocando espasmos y contracciones en la cola.

La empatía también influye en la percepción de actos considerados anormales. Por ejemplo los activistas contra el maltrato indicaban que los animales se asemejaban a los humanos en cuanto a capacidades emocionales e intelectuales.

En 1875, The Animal World reportó el caso de un ciervo «suicida» en la costa sur, esto como consecuencia de los “deportes de sangre”. «Es notable, decía que un ciervo salvaje, en lugar de ser alcanzado por sus perseguidores, caerá en las fauces de una muerte horrible”, manifestó la editorial.

Una vez más, el suicidio se presentó aquí como el último acto desesperado de un animal. Acorralado por perros feroces, el ciervo simplemente se lanzó al vacío.

Los animales no cuentan con una conciencia que les permita saber las consecuencias de una acción. Su instinto de supervivencia los lleva a actuar de maneras y formas alejadas de nuestra comprensión pero solo la objetividad nos ayudará a determinar las causas. 

En cambio, los seres humanos somos totalmente diferentes a ellos. Aquel mono murió por otra razón y nunca lo sabré. Lo bueno es que le dimos mucho de comer; tal vez engordó más de lo que podía aguantar su cuerpo. ¿Será que su peso lo hizo caer de la rama pero eran tan grande que su cuello quedó atascado? Misterios de la ciencia.